Poder al Centro

lutoDel periodismo como blanco  y el cobarde asesinato de Javier Valdez, corresponsal de la Jornada.

Javier Valdez Cárdenas fue un periodista de calle, se hizo en la redacción de las banquetas, en medio de balaceras, muertos, degollados, ajusticiados, temerarios sicarios de 13 o 17 años; entre familias de víctimas que no dejaron nunca de llorar a sus muertos, fueran del bando que fueran, para esas madres, padres, hermanos que entrevistó Javier, todos eran víctimas, cómo él lo es ahora.

Imposible transmitir lo que significa su pérdida, porque para muchos de nosotros fue de los maestros recientes de la narrativa periodística, un ejemplo de lucha incansable por mostrar, describir, detallar, por no dejar morir la realidad, exponerla, transmitirla por terrible y cruenta que esta fuera, alguien tenía que hacerlo y él nunca dejó de lado ese compromiso. Sabía que tenía un don y lo compartió y lo puso al servicio de la comunidad hasta que le costó la vida.

Él como pocos logró documentar y cronicar el terrible momento que vive México, dio luz a fenómenos pasmosos que van endosados con la estúpida guerra contra el narcotráfico en la que todos se están matando. Con su trabajos de largo alcance se pudieron entender fenómenos como el de los “Levantones”, título de uno de sus libros, cuando ese modus operandi del crimen organizado estaba en su punto máximo; antes de lo de Tlatlaya o lo de Ayotzinapa, Váldez Cárdenas ya había buceado y dado pistas en sus trabajos, de los nexos entre grupos criminales y corporaciones policiacas y el enorme daño que estaban causando en comunidades del norte del país.

Relato con una descripción escalofriante cómo operaban “patrullas de la muerte” en Sinaloa y otros estados del norte.

También fue de los primeros periodistas en sacar a relucir los saldos de estos crímenes, niños y adolescentes lanzados a las garras de la mafias; niños y jóvenes huérfanos, convertidos en muertos vivientes, sin futuro de ningún tipo ni alternativas de un desarrollo digno; madres y padres en luto permanente ante la pérdida de sus hijos, hijas. Los desplazados de la guerra de sangre, algo de lo que poco se habla, fué descrito también por Javier.

Su profundidad y ardua investigación pudieron ser faro para las autoridades en medio de tanta oscuridad, claro si las autoridades estuvieran realmente interesadas en resolver estos crímenes, pero no, prefirieron también hacerlo sombra.

¿Sirve de algo decir que él es el periodista 105 asesinado en México en años recientes, después de Miroslava Breach? Se ha dicho hasta el cansancio que nuestro país es el peor lugar para ejercer esta profesión.

Para el periodista crítico y para quienes hacen investigación periodística la vida se está convirtiendo en una enorme incógnita. ¿A quién le tocara mañana, volveremos a ver a nuestros a nuestros hijos, hermanos, padres, los volveremos a abrazar después de una investigación o una cobertura, volveremos a casa, esta o aquella investigación no será peligrosa, respetaran nuestras vidas? ¿Por cuánto tiempo?

En medio de todo esto ¿quién está con nosotros, a quien le importa nuestro trabajo cuando el país se está pudriendo y yendo a la basura?

Javier Valdez ha dejado un enorme hueco en el periodismo, pero más aún en su familia, sus seres queridos.  Hace no mucho declaro a Animal Político: “Lo peor sería que nos prohíban soñar, tener ilusiones; querer ser mejores, anhelar justicia y paz, y mantener la dignidad. Lo peor sería dejar de apedrear estrellas. No lo Podemos permitir. No importa que no tumbemos ninguna”.

Donde quiera que estés sigue apedreando estrellas. Descanse en Paz.

Tere Montaño

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