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El ojo en la mira

Retos educativos y abusos electorales

Apenas hace unas semanas, se dio a conocer por filtración un ubicuo nombramiento para la ex secretaria de Desarrollo Social en los tres primeros años de la administración estatal, pero nadie a ciencia cierta sabe dónde será ubicada Elizabeth Vilchis Pérez, quien encontró cobijo en el gobierno federal durante cosa de dos años. Su salida del gabinete eruvielista en 2014 fue con desdoro, sin palabra de por medio que lo explicara.

Una revisión del organigrama, el directorio y el manual de organización de la Secretaría de Educación estatal no arroja mayores resultados, y las estadísticas discrepan con las que se pueden consultar en las páginas del INEGI y de la SEP. Aquel nombramiento que no ha merecido hacerse público puede tratarse del adelanto del trabajo supuestamente encargado al ex secretario de Hacienda, Luis Videgaray, con miras a la sucesión y las elecciones más importantes de 2018.

Pero no todo es política. O sí, pero de otra manera a la que usan los políticos. Por ejemplo, vale la pena recordar que el Estado de México tiene el sistema educativo más grande y complejo del país, con algo así como 4.8 millones de alumnos, y que el abucheo a Aurelio Nuño Mayer, secretario de Educación Pública, hace semanas, no es un dato menor si se considera el peso de las secciones 17 y 36 del SNTE, que en el discurso parecían alineadas al proyecto del gobierno federal.

Los análisis oportunistas dejan de lado las pequeñas tragedias de la gente común y corriente, por ejemplo los profesores y empleados del gobierno estatal que trabajan en dependencias y organismos educativos en los que priva algo parecido al caos. La Secretaría de Educación es una de las más desarticuladas, debido en parte a su enorme tamaño, tanto que conducirla luce como una tarea fuera de toda proporción. ¿Ese será el cometido de la funcionaria que regresa? Es público que carece del tacto y la mano izquierda necesaria para construir acuerdos, así que la explicación debe ser otra.

Corresponde al director general de los SEIEM la relación primera con las secciones del SNTE. De la 36 surgió Elba Esther Gordillo. Como sea, ese organismo tiene un presupuesto superior a los 30 mil millones de pesos, que representan casi 14% del presupuesto total del gobierno. La opacidad informativa del gobierno estatal no permite saber qué desempeño tiene Carlos Auriel Estévez, el actual director general, pero carecía de experiencia previa en materia educativa hasta antes de llegar a SEIEM, y tampoco es posible saber si ya la adquirió.

Los casos de los tres subsecretarios son sintomáticos. El de Educación Básica, Juan Jaffet Millán, es gente de Alfredo del Mazo Maza, con quien fue funcionario en Huixquilucan y luego diputado local sin mayor lustre. Los de Media Superior y Superior, Guillermo Martínez González, y Planeación y Administración, Rogelio García Maldonado, tampoco destacan por su paso en tareas propias del sector. Por cierto, sus nombres hubo que sacarlos del directorio digital. El primero fue presidente municipal sustituto de Tlalnepantla y el segundo secretario Técnico del gabinete.

Olga Hernández Martínez, ex presidenta municipal de Zinacantepec, es la directora general de Educación Básica, en donde ha hecho cambios sin ton ni son que han desestabilizando a la dependencia encargada de jardines de niños, primarias y secundarias estatales. Es conocido el talante intolerante de la funcionaria.

En la dirección general de Educación Normal se ha instalado el terror laboral. Está a cargo la profesora María Isabel Bustos, quien ha dejado crecer y acumular poder a un oscuro personaje, Martín Valverde Vargas, con fama de autoritario, déspota y abusivo, al grado que, sin tener puesto orgánico, manda a los funcionarios y dispone del personal a su antojo. Es difícil saber hacia dónde va esa dependencia, pero las 36 normales tienen una matrícula bajísima.

Y tampoco es dable saber qué pasa con la coordinación estatal del Servicio Profesional Docente, cuyo titular es Jorge Neyra González. De ese organismo tampoco se sabe mayor cosa, aunque alguna tarea tendrá en la reforma educativa.

Si a eso agrega el lector que la dependencia a cargo de Ana Lilia Herrera tiene seis organismos, 13 universidades tecnológicas y 14 tecnológicos, el panorama es preocupante por los enormes tramos de control que debe cubrir la secretaria. En tanto, hay miedo y malestar en al menos dos dependencias centrales y un organismo cuya importancia es indiscutible. No se sabe si la normalidad ha regresado a la Universidad Tecnológica de Nezahualcóyotl, por dar otro ejemplo de inestabilidad laboral y sindical.

El sindicato estatal se preocupa muy poco por atender la defensa de sus agremiados porque su líder, Abraham Saroné, busca desde ya un puesto de elección popular. El mensaje parecer ser que a los empleados cualquiera puede pisotearlos. De otra parte, porciones importantes del sindicato federal están en la lucha contra la reforma. Nadie sabe si los domesticados profesores estatales están conformes, pero sería mucho apostar a que están contentos con las erráticas evaluaciones realizadas hasta hoy. Así que el descontrol se puede emparentar con el enojo, la incertidumbre y el temor por diversos agravios.

Hay preguntas más que pertinentes. Por ejemplo, ¿cómo va la reforma educativa en el Estado de México? ¿Cómo afrontará esta labor la secretaria Ana Lilia Herrera, más allá de entregar becas, si permanece en el puesto, o qué hará quien la suceda en caso de que resulte candidata? ¿Quién vela por los derechos laborales de los profesores y empleados educativos? Hay riesgo de protestas fuertes, cuando menos ante Derechos Humanos, en vista de que los sindicatos andan en otras cosas.

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